domingo, 5 de febrero de 2017

Poema a un cadáver

Me has dado un beso
bajo el flujo intenso de la noche,
labios púrpuras y fríos,
oh, como lastiman mi piel.


Siento la podredumbre de tu piel

tan cerca, tan pálida
quema la mía, la hace arder.
Siento la podredumbre de tu piel,
la siento con mis manos.


Acaricio tu rostro en la penumbra,

se deshace, los trozos de piel
quedan entre mis dedos.
Tomas mi rostro con tus huesudas manos.


Me sonríes, los dientes aparecen

poco a poco lastimando tus labios.
Tu traje cubre tu cuerpo que ya comienza
a desprender un olor difícil de soportar.
He visto tus ojos, se hunden en las cuencas.


Los gusanos se comen tu corazón,

un gran festín se dan.
Por dentro te deshaces,
con azufre allí estás.


Me has dado un beso en los labios

la aspereza de tus dientes me hace sangrar.
No hay facciones que pueda reconocer,
las ampollas cubren tu piel.
La sangre coagulada está.


Te susurro que aún te amo.

Y estás de pie frente a mí,
extiendes tu mano
yo la tomo sin dudar.


Me acercas a ti, donde el hedor invade

cada centímetro de mi ser,
pero aun así te concedo la única pieza
que bailaremos en nuestro amor,
donde te veré una última vez.


Con cada torpe paso que das

la carne cae a tus pies.
No hay ojos opacos que me miren,
solo la circular oscuridad.


Apoyo mi cabeza contra tu pecho,

sabiendo que no oiré ningún palpitar.
Rigidez me recibe, con el frío intenso
de tu cadáver en descomposición.
Fría como la lápida sobre la tierra.

Me llevas contigo por todo el salón,

vas desapareciendo bajo la ropa.
Tus huesos caen al suelo,
y tus cenizas se las lleva el viento.

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