domingo, 5 de marzo de 2017

Cofre en llamas

Mamá maneja muy despacio, no como papá. Cuando voy con él siempre dejamos a todos atrás. Pero no mamá. Ella para en todos los semáforos, sí. Yo y mamá estamos yendo al supermercado. Ella entra en el estacionamiento y busca un espacio bien cerca de la entrada. Estaciona con mucho cuidado. No quiere estropear el auto. Ella toma su bolso y baja. Después abre la puerta de atrás y me toma en brazos. Luego me baja y toma mi mano. Buscamos juntas un carrito de compras y cuando lo tenemos me sienta dentro. Una vez dentro mamá me lleva a ver los juguetes como siempre pero no me compra ninguno. Me molesta un poco porque nunca me compra lo que quiero. Pero se me va el enojo mientras el carro va por el supermercado y pasa por la parte donde está la leche, los yogurcitos esos con cereales de colores que tanto me gustan. Le pido uno y me dice que no. Toma dos cajas de leche y las pone en el carro junto a mí. Tienen la imagen de una vaquita sonriente. Luego vamos a la parte de la carne, donde mamá toma un número y espera tomando dos bolsas llenas de pan. A mí me gusta mirar a la gente cuando compra. El hombre de la carne corta la carne muy rápido con una maquina que hace mucho ruido. Mamá pone el pan junto a la leche de la vaquita. El señor de la carne la llama. Ella señala unos grandes trozos de carne que el señor saca y comienza a cortar con la maquina. Luego la pone en una bolsa y la pesa y se la da a mamá. Ella la pone en el carro. Ahora vamos a la parte de las verduras. Deja el carro en un costado y saca unas bolsas para guardar las verduras. Las verduras no me gustan, son amargas y huelen feo. Mamá me da la espalda y busca tomates. Está un poco lejos de mí. Miro a mí alrededor y un hombre muy alto se para frente a mí. Me sonríe y me da un caramelo. Me pregunta quién es mi mamá y yo la señalo. Me pregunta mi nombre, Emma le digo. Vuelve a mirar a mi mamá que sigue dándome la espalda. De nuevo a mí. Me toma en brazos y me lleva. Lo miro con los ojos bien abiertos. Me dice que no me asuste. Que es amigo de mi papá y que me va a llevar con él. Que mi mamá ya sabe. Que es una sorpresa. Yo me pongo feliz y le sonrío. El hombre me sonríe también, como la vaquita de la leche. Salimos al estacionamiento y me mete en su auto. Un auto muy grande con los vidrios muy oscuros. Me sienta atrás y me pone el cinturón. Él abre la puerta de adelante, se sienta y enciende el auto. Maneja rápido como papá. Me gusta mirar por la ventana. Nos vamos alejando del centro y siento mucho sueño. Tanto que bostezo. Siento que los ojos se me cierran.
Me despierto y estoy en una casa muy oscura. No puedo mover mis manos ni piernas. Mis manos están atadas en la espalda. Intento hablar pero tengo algo en la boca que no me deja. Comienzo a llorar. Estoy tan asustada. Dónde está mamá. Dónde está papá. El hombre que me tomó en brazos en el supermercado entra en la habitación. Me sonríe y me dice: “Ya despertaste, corazón.” Lleva un libro en la mano y en la otra una tijera. Me corta un mechón de pelo y se sienta a mi lado. Abre el libro y allí tiene más mechones de pelo de muchos colores: negro, amarillo, rojo, marrón. Pega el mio con un pedazo de cinta adhesiva y anota unos números al lado. Luego lo cierra y lo deja sobre una mesita. Me toma en brazos. Siempre con una sonrisa, pero ya no se parece a la vaquita de la leche de mamá. Me lleva al patio. Un patio muy grande. No hay casas alrededor. Tengo ganas de orinar. Me mete en un baúl. Quiero gritar pero no puedo. Me orino encima. Toma un bidón muy grande como los de papá que usa cuando el auto no tiene agua. Me tira encima. Tiene un olor muy fuerte, como en esos lugares donde le ponen mangueras a los autos para que puedan andar. Veo un pozo enfrente de mí. Muy profundo parece. El hombre con la sonrisota cierra el baúl. Está muy oscuro aquí dentro. Siento que el baúl se mueve y choca muy fuerte. Estoy muy torcida aquí dentro. También incomoda. Siento que cae algo líquido sobre el baúl. Ahora no se escucha nada. Huelo muy mal. Me oriné otra vez. Tengo muchos mocos. Extraño a mi mamá. Siento un olor como cuando a mamá se le quema la comida. ¿Y ese calor?   



2 comentarios:

  1. Jojo, que cosa más tetrica, pero por cierto mamá, ¿cómo no te das cuenta que te pillan al niño en el supermercado?

    Buen relato, me dio escalofrios

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    Respuestas
    1. Hola! Gracias por el comentario, hace tiempo tenía escrito el relato y me pareció bueno subirlo.
      Un saludo!

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