miércoles, 15 de marzo de 2017

Estación de tren

Corrió lo más rápido que pudo. Sus piernas no daban abasto y varios autos lo interceptaron en el camino, pero finalmente logró llegar a tiempo al café. Cuando iba entrando se sentía muy cansado, pues prácticamente había dejado la vida corriendo de esa manera, pero nuevamente recordaba que estaba a tiempo en el lugar citado y pudo corroborar que ella todavía no había llegado. Buscó una mesa cerca de la ventana y lanzó un suspiro al mismo tiempo que se sentó. El mozo se acercó a la mesa, pero le dijo que esperaría a su compañera antes de hacer el pedido. Llevaba una pequeña bolsita consigo en la cual tenía un libro. Comenzó a leerlo para reducir el tiempo de espera. Permaneció allí sentado largo rato y no había señas de ella. Cuando ya no le apeteció continuar leyendo volvió a guardar el libro, dirigiendo su mirada hacia el exterior. El sol estaba siendo cubierto por unas nubes que iban y venían dejándolo a la vista casi al instante. Se distrajo de aquella vista cuando alguien le subió el volumen a la radio para escuchar el relato de un partido de fútbol donde se enfrentaban dos equipos locales. El relator remarcó la clara ventaja de uno sobre el otro unas cuantas veces. A él no le gustaba el fútbol, ni ningún otro deporte, por lo que decidió hacer caso omiso a lo que se oía por la radio. Volvió a mirar la ventana y se sorprendió un poco al ver a un joven que levantaba unos paquetes del suelo, pues estaba sumamente arqueado. Miró varias veces al reloj de bolsillo y cada vez se impacientaba más porque ella no llegaba. Entre estos pensamientos estaba sumergido, cuando vio por el rabillo del ojo que la puerta del café se abría. Volvió la mirada inmediatamente pero no era a quien él esperaba, sino que solo se trataba de un hombre que vestía un sobretodo negro con un sombrero del mismo color. Este hombre caminó hacia la mesa donde él estaba y le preguntó su nombre. Luego de que respondiera le entregó una nota. Se retiró. Él siguió al hombre con la mirada hasta que cruzó la puerta, desapareciendo tras ella, luego miró la nota. Del papel emanaba un aroma a perfume y recordó que era el aroma de la flor favorita de ella. Con linda letra redondeada decía el nombre de él y después de dudar unos minutos leyó lo que decía.
“Ve a la estación de tren a las siete de la noche en punto.” 


Nota: Esta historia surgió en una práctica de escritura junto con mi amiga. Está inconclusa y planeo seguirla en algún momento. Así que, por ahora solo dejo esto. 

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