jueves, 16 de marzo de 2017

Lejos del temporal

Sube alto, muy alto, en su propia carrera contra el tiempo. Percibe cómo se acerca la tormenta, lo siente dentro suyo. El aire se hace más denso, la tierra comienza a desprender ese típico aroma a recién mojado. El césped se siente crujiente, incluso se ve más verde ahora que el cielo comienza a oscurecerse. Se pueden sentir las primeras gotas golpeando contra las hojas del árbol del jardín de casa, pero él está muy lejos aún. El tiempo lo apremia, y el trayecto se hace largo, muy largo para poder llegar antes de ser consumido por la lluvia. Si así fuese, se vería empapado, y no quiere eso. No, por eso suelta un suspiro y sigue con su camino, poniendo su máximo esfuerzo en ello. En el cielo se escucha el primer trueno, al poco tiempo se le une el primer rayo. Es un temporal de verano, se dice a sí mismo, ya has visto uno antes. Pero la verdad es que no. No lo ha hecho, simplemente le han contado de ellos, y le advirtieron más de una vez que no quería estar sin un techo para cuando llegara uno. - Con que así se siente, quizás sea bueno – dijo él, intentando consolarse. No, no, no. Que si te detienes a pensar no vas a lograr llegar. La textura de la casa se siente grumosa, los que se encargaron de colocar el cemento dejaron algunas vetas sin alizar, y por eso se siente así. Pero eso no es un impedimento, ¿qué son apenas unos raspones? Nada. El cielo vuelve a iluminarse con una serie de relámpagos, uno seguido del otro. Las nubes se iluminan imitando sus colores, y él sonríe, apreciando aquel bonito acto de la naturaleza. Si sólo hubiese llegado antes del mercado, pero es que los muebles para su casa necesitaban refacciones, ¿y quién mejor para hacer ese trabajo que sus amigas las hormigas? Nadie. No pasa nada, se dijo, ya casi llegas al rellano. Trepó y trepó sintiendo que debido al esfuerzo dejaba más rastro de baba que en una situación normal. Meh, como si eso fuese a importar en un día lluvioso, el agua lo va a lavar. El rellano de la escalera está a sólo tres impulsos más para el momento en que comienzan a caer las gotas, gruesas, muy gruesas. Golpean contra el suelo y el césped, pero eso no le preocupa porque ya está por llegar. ¡Ah! Qué lindo es sentir el olor a humedad. Por fin se siente suave bajo su cuerpo, ahora se traslada por el vidrio de la ventana. Siente la lluvia caer, ruidosa y molesta, pero sabe que ya está bien. Me meto dentro, que total ya va a dejar de llover.


(Foto: Mi Universar)

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