lunes, 6 de marzo de 2017

Un villano que quiso ser héroe

Hubo quien alguna vez creyó en los cuentos de hadas, hubo quien incluso los inventó para seguir con la fantasía. Esos, quienes no querían creer en el mundo real porque era demasiado triste y sombrío como para habitarlo. Pero que aún así debían hacerlo, porque así habían llegado hasta aquí. Entonces siguieron narrando esos cuentos, intentando que los más jóvenes no perdieran el atisbo de la magia y pudieran crecer protegidos bajo el encanto de sus palabras. Pero en los cuentos de hadas también hay villanos, tal y como en la vida real. De ellos hay que protegerse -decían los más ancianos- con ellos no hay que hablar. Pero todo villano nace de algún lugar, y por demás seguro que todo villano se percata de su mal. Un mal que le pide a gritos brotar de sus venas y salir a jugar.
Eso fue lo que pasó en una pequeña aldea, no muy lejos del valle. Un pequeño niño estaba cansado de oír a los ancianos narrar. Que el malvado hizo esto, que la bruja hizo aquello, y entonces vino el valiente héroe y se deshizo de ellos. ¡Yay! Gritan a coro los niños, y él rezonga porque en esa historia no se dice la verdad. Que el héroe es valiente, sí, señor, pero el villano lo es más. 
Hay que saber blandir la espada, pero mucho más hay que saber cuando atacar. El villano juega a muerto, y el héroe se agranda con una victoria más. Y pronto se olvidan del pobre hombre con una herida. Que a fin de cuentas fue el héroe que con una vida termina.
Vaya hombre, piensa el niño, vaya humanidad. En eso nos convierten, que somos héroes si derrocamos al malvado, que somos malvados si luchamos contra el bien. ¿Pero qué bien es ese si a fin de cuentas hay que matar? Pues yo quiero ser un héroe - gritó el niño - pero un héroe del mal. Esos que ustedes llaman villanos, son los que admiro aún más. Así fue como el niño creció, alejado del resto, porque en esa aldea, lo tildaron de cerdo. Qué maldad lo acongoja -dijeron las mujeres en el mercado - ese niño no razona, en la casa no le han enseñado. Pero él sí que había aprendido, calló mucho tiempo y vivió en el pueblo. Hasta que le tocó vivir su propia historia, en donde el valiente y apuesto lo retó a duelo. -Es que ya nadie lo quiere en el pueblo. Entonces blandieron las espadas y brilló el metal. Rojo vivo salió de una herida mortal. Yacía allí el niño, que alguna vez rezongó, porque el villano termina muerto y el héroe no.



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